En este mes en que se celebra el Día Internacional de los Jóvenes, les comparto mi opinión acerca de las brechas generacionales y cómo, desde mi punto de vista, lo que cambian son los tiempos, no las juventudes.
No me consta, pero estoy seguro de que, desde tiempos inmemoriales, los adultos venimos pensando que los jóvenes de nuestra época están descarriados, que no tienen futuro, que son flojos, desobligados, irrespetuosos, vulgares, viciosos, faltos de valores y lo que se acumule. Es un tema generacional y difícilmente cambiará en el futuro. Con el riesgo de que nos digan pasados de moda o anticuados, los mayores criticamos a los jóvenes de hoy por la música que escuchan, por sus bailes, por la forma en que ocupan su tiempo libre o incluso por su sexualidad, –ahora más abierta que nunca–.
Y me viene a la mente la famosa película “Rebelde sin Causa” de 1955, protagonizada por James Dean, que trata acerca de un adolescente rebelde que llega a Los Ángeles y se mete en problemas con pandilleros rivales y la policía. La cinta provocó todo un escándalo, como sucedió con la cinta mexicana “Los Caifanes” de Juan Ibáñez en 1967.
En realidad, poco ha cambiado al paso de las décadas. Bajo distintas circunstancias, los chavos siguen desafiando todo aquello que representa autoridad. Los sermones les entran por un oído y les salen por otro. No les temen a las consecuencias, pasan su vida pegados al celular y constantemente arriesgan hasta la vida con tal de dar rienda suelta a su desenfreno o con tal de ganar “likes” en redes sociales. Se nos olvida que hicimos prácticamente lo mismo, a excepción del uso de la tecnología.
Pero quizás el mayor de nuestros errores es tratar de entender a los jóvenes sin hablar con ellos. Con el pretexto de nuestras ocupaciones, poco o nulo es el tiempo que dedicamos a escuchar sus inquietudes, sus temores, sus frustraciones o sus aficiones. Esa falta de comunicación, a mi parecer, es lo que abre aún más la brecha generacional.
Por todo lo anterior, considero que antes de criticar a las juventudes, los adultos debemos conocer sus realidades y adoptar actitudes más empáticas. Ya llegará el tiempo en que a ellos mismos les toque lidiar con los que ahora son unos niños y quizás entenderán que, con causa o sin causa, los jóvenes siempre serán rebeldes.











