No estoy -ni estaré- a favor de que se denigre a una persona por su físico, color de piel, condición social, religión o preferencia sexual. Todos merecemos respeto, pero debemos tener también la capacidad de ofrecerlo, para exigirlo. Es regla básica y clara.
La polémica por la ríspida confrontación -por ambas partes- en redes sociales entre Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y la secretaria general de Morena, Citlalli Hernández, va para largo, pues el empresario se ha negado a acatar la petición del INE de suspender sus embates y borrar los “tuits” en los que se ha referido despectivamente a la política por su sobrepeso, principalmente.
El pleito, ha justificado Salinas, tiene sus orígenes en la rudeza de las expresiones de la política morenista hacia su persona, llamándolo insistentemente corrupto, ladrón, neoliberal, oligarca, mafioso, evasor de impuestos, explotador laboral, entre muchas cosas más.
En respuesta, la senadora ha recibido día tras día respuestas ofensivas hacia su persona por parte del empresario -que no es una pera en almíbar- y se propuso, al menos él, ponerle un alto al abuso de Citlalli Hernández en su libertad de expresión, cosa que nadie había hecho antes.
Y ahora que la secretaria de Morena se queja de violencia política de género y pide la ayuda del INE (que paradójicamente hasta hace poco intentaban desmantelar), es cuando las redes sociales se han saturado de recuentos de mensajes no menos agresivos y ofensivos que Citlalli ha proferido a lo largo de los años contra sus adversarios políticos, periodistas y empresarios. Además de agresiones físicas en la Cámara contra rivales de otros partidos, a los que ha agarrado a golpes.
Es brava, de armas tomar. Pero le gusta repartir, más no recibir.
Las opiniones están divididas. Muchos condenan el “machismo” de Salinas Pliego por sus denigrantes embates contra Citlalli, a la que llama burlonamente “cenadora” y hace mofa de su gordura, pero muchos también consideran que la segunda de a bordo de Morena nacional está recibiendo una sopa de su propio chocolate y que al fin encontró la horma de su zapato.
Dicen que el que se lleva se aguanta y antes de Salinas fueron muchos, hombres y mujeres, los que aguantaron insultos y ofensas de parte de ella, abusando de su condición de mujer y de su posición de poder dentro del partido gobernante.
Algunos ejemplos:
• Citlalli Hernández llamó hasta el cansancio “enano borracho e idiota” al ex presidente panista Felipe Calderón.
• A Enrique Peña Nieto, otro ex presidente, del PRI, lo calificaba como “idiota” y a su entonces esposa la llamaba por el apodo “Gaviota”.
• A Josefina Vázquez Mota (PAN) le dijo que “no era estúpida por ser mujer, sino por ser estúpida”.
• De Javier Lozano (PAN), se refería como “saco de pus”.
• A la periodista Adela Micha la llamó “perra”.
• Al INE lo acusó tiempo atrás de “censurarla” una vez que le pidió bajar un “tuit” ofensivo. Pero ahora le exige al INE que censure a Ricardo Salinas, porque ahora es ella el blanco de las ofensas.
¿Entonces, se es o no se es?
¿Ella sí puede y los demás no? ¿O cómo?
El multimillonario empresario no sólo se ha negado a bajar sus cometarios de sus redes sociales, sino que arreció los embates contra Citlalli. Niega violencia de género porque él no es político ni aspirante a cargo de elección, sino que sólo hace uso de su derecho de libre expresión en defensa propia.
La polémica va para largo y ambos son rivales de cuidado, con una sola diferencia: Citlalli Hernández tiene una imagen de partido qué cuidar y hacer respetar, y sus conductas le han sido contraproducentes. Han metido ruido a Morena, inmerso como está en la elección interna de su candidato a la sucesión presidencial, que se le ha complicado al extremo con una fallida unidad y acusaciones de ineficiencia y corrupción que brotan diario entre sus aspirantes.
Y Salinas Pliego, bueno, tiene un inmenso poder político y económico… y no es enemigo del presidente López Obrador, como equivocadamente creen algunos.
Al contrario, el poderoso empresario es beneficiario de su Gobierno, con contratos de la #4T y, hasta ahora, AMLO no ha metido las manos en la tunda epistolar a su secretaria general de Morena.
¿Por qué será?











