Trump 2.0 hoy inicia un nuevo Orden Mundial

Donald Trump está a pocas horas de jurar como presidente de los Estados Unidos por segunda vez, un suceso que, desde el punto de vista histórico, no ocurría desde los tiempos de Grover Cleveland (1885-1889 y 1893-1897). Cleveland fue el único mandatario estadounidense que, hasta hoy, había ejercido dos mandatos no consecutivos. Ahora, en este 20 de enero, fecha establecida por la Vigésima Enmienda para la toma de posesión (antes se juraba el 4 de marzo), el Capitolio de Washington D.C. vuelve a ser el escenario de un acto solemne que, sin embargo, se encuentra rodeado de tensiones y altas expectativas tanto dentro como fuera del país vecino.

Lo primero que viene a la memoria de muchos en nuestro país es la última vez que Trump ocupó la Casa Blanca, de 2017 a 2021, tras haber ganado las elecciones en 2016. Aquella administración se caracterizó por políticas migratorias endurecidas, una retórica que hablaba de “detener la invasión” en la frontera y la iniciativa de construir un muro que provocó encendidos debates, tanto en Estados Unidos como en el exterior. Para muchos ciudadanos estadounidenses, estas medidas resultaron atractivas al prometer protección de la economía local y del empleo industrial. Para nuestro país, supusieron desafíos diplomáticos y preocupaciones acerca del flujo de personas y mercancías a través de una frontera en la que la convivencia ha sido históricamente intensa y compleja.

Mientras se perfila la nueva investidura, en el corazón de Washington se detectan ecos que conectan con investiduras pasadas. Thomas Jefferson, allá por 1801, estableció un precedente crucial: la primera transición pacífica entre dos partidos opuestos. Abraham Lincoln, en 1865, pronunció uno de los discursos inaugurales más conmovedores al pedir “malicia hacia ninguno, caridad para todos” cuando la Guerra Civil aún hería al país. Andrew Jackson, en 1829, vivió una ceremonia tan multitudinaria que el público desbordó la Casa Blanca, convirtiendo su investidura en un acontecimiento caótico pero tremendamente simbólico del fervor popular. Décadas después, Franklin D. Roosevelt, durante su segunda investidura en 1937, se convertía en el primer presidente en jurar el 20 de enero tras la reciente aprobación de la Vigésima Enmienda, lo cual marcó definitivamente la fecha para las ceremonias presidenciales modernas. Y en 1961, John F. Kennedy inmortalizó la frase “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”, un llamado que resonó profundamente en tiempos de grandes cambios sociales.

En este 2025, Trump llega con un panorama internacional igual de convulso que hace cuatro años. Varios sectores en Estados Unidos han mostrado entusiasmo por el retorno de la consigna “America First”, convencidos de que una política más proteccionista y nacionalista volverá a poner el foco en la industria local y en la creación de empleos para los estadounidenses. Sin embargo, las dudas sobre las relaciones con aliados tradicionales, como los miembros de la OTAN o los socios comerciales del T-MEC, se ciernen en el horizonte. En nuestro país, la mandataria Claudia Sheinbaum ha reiterado su disposición a mantener un diálogo abierto que privilegie la cooperación y los canales diplomáticos. El T-MEC, vigente desde 2020, sostiene buena parte de la dinámica comercial entre ambas naciones y el vecino del norte, por lo que cualquier incertidumbre en los términos de este acuerdo podría afectar directamente a las exportaciones de productos nacionales y, de manera especial, al sector turístico en estados como Quintana Roo.

Es precisamente aquí, en la región de Cancún y la Riviera Maya, donde el turismo internacional forma una de las principales fuentes de ingresos. La llegada de visitantes estadounidenses ha sido un motor económico que, en los últimos años, ha logrado sortear ciclos complicados, incluidas las controversias políticas. Numerosos empresarios y trabajadores del sector se preguntan si este segundo gobierno de Trump ejercerá algún tipo de presión que pueda reducir la afluencia de viajeros, ya sea por temores sobre políticas migratorias más duras o por ajustes en la relación bilateral que alteren la percepción de la seguridad. En su mandato pasado, a pesar de las tensiones, el turismo desde Estados Unidos a nuestro país y, en particular, a Quintana Roo, se mantuvo relativamente estable. Ahora, la incógnita es si esa tendencia podrá sostenerse o incluso crecer en un nuevo contexto donde el discurso de “detener la invasión” podría marcar las primeras acciones del presidente.

El ambiente en Washington, por otra parte, nos recuerda las escenas de inviernos anteriores. Ayer se llevaron a cabo mítines y concentraciones en apoyo a Trump, algo que evoca la celebración masiva que acompañó su llegada al poder en 2017. Al mismo tiempo, no han faltado protestas de grupos que rechazan sus planes migratorios o que temen un alejamiento de los compromisos ambientales y de acuerdos multilaterales. Si algo definió su primera etapa, fue la polarización entre sectores que lo consideran un defensor de la verdadera identidad estadounidense y aquellos que lo señalan como una amenaza para la estabilidad política e internacional.

La ceremonia de hoy lunes, 20 de enero, se perfila así con un aire de reencuentro con la historia, no solo porque revivimos la hazaña de un presidente que vuelve tras un periodo fuera del poder, sino también porque nos enfrentamos a la posibilidad de que Estados Unidos retome algunas de las políticas más polémicas de su pasado inmediato. El juramento, previsto para mediodía, se efectuará en el Capitolio, símbolo de la democracia norteamericana, y será la oportunidad de escuchar el discurso inaugural con el que Trump definirá las prioridades de su administración. Se espera que insista en la protección de la frontera, la supremacía de los intereses estadounidenses en la escena global y la necesidad de reforzar la economía interna.

En nuestro país, la mandataria Sheinbaum ha instruido a sus equipos para vigilar de cerca las nuevas directrices, reforzar la actividad consular y defender los derechos de las y los connacionales. Diversos sectores empresariales y turísticos, por su parte, apuestan a que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, sumado al atractivo turístico del Caribe mexicano, continúe siendo un baluarte que trascienda las vicisitudes políticas. La experiencia de años anteriores demuestra que, más allá de los discursos, la relación binacional no puede romperse con facilidad, dado el nivel de integración comercial y social entre ambos territorios.

En unos cuantos minutos, Donald Trump se pondrá una vez más la mano sobre la Biblia para prestar juramento ante el presidente de la Corte Suprema, del mismo modo que George Washington inauguró la tradición en 1789 y que tantos otros han seguido después: Thomas Jefferson, Andrew Jackson, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy, Ronald Reagan y, más recientemente, Barack Obama. Cada uno imprimió su sello personal en la investidura; cada uno enfrentó retos distintos. La de Trump puede considerarse, sin lugar a duda, una de las más polémicas por el efecto que tuvo en el pasado y las repercusiones que se esperan para el futuro cercano.

Esta mañana de lunes, mientras los reflectores apuntan al Capitolio, en Quintana Roo se observa con particular atención cómo las decisiones de la nueva vieja administración de la Casa Blanca podrían influir en la llegada de turistas, inversiones y acuerdos comerciales. El transcurso de esta segunda presidencia dirá si los roces iniciales se convierten en grietas o si, por el contrario, se encuentran vías de entendimiento que fortalezcan a ambas economías. Sea como sea, el mundo vuelve a girar sus miradas hacia la Avenida Pensilvania y, aquí mismo, en el Caribe mexicano, sentimos las repercusiones de un suceso que nos recuerda que la política en la nación más poderosa del planeta no solo define la historia de Estados Unidos, sino también la de su entorno más inmediato, incluido nuestro país. Falta muy poco para que el reloj marque el momento exacto y se cierre el círculo de una de las historias políticas más singulares de la época moderna. A partir de hoy, un nuevo capítulo se escribe con el retorno de Trump al Despacho Oval.

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