Trump recibió a Xi Jinping en la Casa Blanca

El encuentro duró más de tres horas y dejó mensajes sobre comercio, Taiwán, Irán e inteligencia artificial.

Donald Trump recibió a Xi Jinping en la Casa Blanca en lo que fue la primera visita de Estado del mandatario chino a Washington en más de una década. El encuentro se extendió por más de tres horas y terminó con un mensaje breve del presidente estadounidense: “Gran reunión. Gracias”.

La cita se realizó el 24 de septiembre de 2026 y estuvo marcada por una recepción protocolar sin precedentes, así como por advertencias directas sobre los principales puntos de fricción entre las dos mayores economías del mundo.

Desde el inicio, Trump buscó remarcar el tono del diálogo. Dijo que desde su primera elección en 2016 él y Xi habían construido una relación basada en el respeto mutuo y en los intereses de sus pueblos, según recogió la agencia Associated Press (AP).

“Desde mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad, una amistad verdaderamente grande, en realidad, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos”, expresó Trump durante los comentarios de apertura.

Xi, en cambio, adoptó un tono más directo al señalar que los intereses de ambos países están “profundamente entrelazados” y que la competencia “debería ser sana y mantenerse dentro de límites”. También retomó la advertencia sobre la llamada trampa de Tucídides.

El líder chino insistió en que ambos países deben garantizar que “no haya conflicto ni confrontación entre nosotros”. Además, advirtió que el desarrollo de la inteligencia artificial debe permanecer “siempre bajo control humano”.

En contraste, Trump ha desestimado en reiteradas ocasiones las advertencias sobre los riesgos de la tecnología para la humanidad. Xi afirmó que ambas naciones “tienen la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA para bien y garantizar que su desarrollo esté siempre bajo control humano y sirva al bienestar de la población”.

Los ministros de Finanzas de ambos países ya se habían reunido esta semana, ocasión en la que Washington propuso un nuevo “mecanismo de notificación” para incidentes vinculados con la IA entre ambas naciones.

En el Despacho Oval, Xi pidió a Trump prudencia respecto de Taiwán y lo instó a oponerse a la independencia de la isla autogobernada que Beijing reclama como territorio propio. China también ha presionado a Washington para que suspenda de forma permanente la venta de armas a la isla.

Ese reclamo ya había sido planteado con especial énfasis en el encuentro que ambos líderes sostuvieron en Beijing en mayo pasado. Después de esa cita, Trump dijo que congelaba la aprobación final de un paquete armamentístico valuado en 14.000 millones de dólares.

Sobre ese punto, el presidente estadounidense describió las ventas de armas a Taiwán como una “muy buena carta de negociación” frente a China.

Xi también pidió a Trump poner fin a la guerra en Irán “a través de la negociación lo antes posible”. Según se informó, China ha compartido inteligencia con Teherán y se ha resistido a las presiones económicas de Washington para forzar un acuerdo bajo los términos estadounidenses.

Beijing condenó la acción militar de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes. Xi expresó su preocupación de que el conflicto significara un retorno a lo que calificó como la “ley de la selva”.

La bienvenida había comenzado el miércoles, cuando Trump recibió personalmente a Xi en la Base Conjunta Andrews, cerca de Washington. Fue la primera vez en más de seis décadas que un presidente estadounidense recibe en persona a un jefe de Estado extranjero en ese lugar.

Trump comentó que Xi, de 73 años, lucía “fuerte, vibrante y en forma”, en referencia a recientes rumores sobre la salud del líder chino. Este jueves, una ceremonia formal en el jardín sur de la Casa Blanca dio inicio a la agenda bilateral.

La jornada incluyó un desfile militar sobre el jardín de las rosas, recientemente repavimentado, y un sobrevuelo de aviones militares estadounidenses, entre ellos un bombardero B-2 del mismo tipo que atacó instalaciones nucleares iraníes el año pasado.

En el Despacho Oval, Trump bromeó diciendo que la prensa china era la más amigable. El comentario llegó días después de que la Casa Blanca vetara el acceso a los medios CNN, MS Now y Politico, que regresaron ese mismo jueves tras una orden judicial.

Más tarde, Trump llevó a Xi a recorrer el nuevo helipuerto construido en la residencia presidencial y lo invitó a subir al Marine One, uno de los equipos militares más exclusivos y sensibles de Estados Unidos.

Ambos líderes ignoraron las preguntas de los periodistas sobre Irán, Taiwán, el tráfico de fentanilo y el magnate de medios prodemocracia encarcelado en Hong Kong, Jimmy Lai.

Xi anunció además que China invitará a 100.000 jóvenes estadounidenses a estudiar e intercambiar en el país durante los próximos cinco años. También informó que enviará dos pandas al zoológico de Atlanta, a los que calificó de “embajadores de la amistad”.

Por la noche, Trump y la primera dama, Melania Trump, ofrecerán una cena de Estado con un menú que incluye velouté de zapallo amarillo, róbalo con costra de sésamo y cremoso de vainilla con helado de miel de la Casa Blanca, según informó la Casa Blanca.

El brindis estará dedicado a la memoria del ex presidente Richard Nixon, cuyo viaje de 1972 a China derivó en el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1979 y en la ruptura simultánea de los vínculos formales con Taiwán.

Mientras los mandatarios se reunían, las primeras damas Melania Trump y Peng Liyuan visitaron el Museo Nacional de Arte Asiático del Instituto Smithsonian en Washington.

En un gesto de avance concreto, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció el miércoles una extensión de dos meses de la tregua comercial que estaba prevista para expirar el 10 de noviembre.

Bessent difundió la noticia poco después de la llegada de Xi a Washington, según informó a la cadena Fox News. Tanto Trump como Xi tienen motivos para sostener la tregua en medio de sus propias presiones internas.

El Partido Republicano de Trump enfrenta un escenario adverso de cara a las elecciones legislativas de noviembre y difícilmente pueda permitirse una nueva disrupción económica. Xi, por su parte, enfrenta una economía china desigual, con un mercado interno debilitado y un sector exportador de alta tecnología que se mantiene firme.

El despliegue de recepción para Xi generó cuestionamientos de legisladores de ambos partidos y de algunos aliados de la Casa Blanca. El senador de Misisipi Roger Wicker, republicano, criticó la bienvenida.

“Sinceramente, si la Casa Blanca me hubiera pedido consejo, yo habría sugerido que el presidente no invitara a Xi Jinping a Washington para una bienvenida tan lujosa en Estados Unidos, dados todos los temas preocupantes que tenemos con el presidente Xi y el Partido Comunista Chino”, declaró Wicker, según recogió Associated Press.

Se trata del segundo cara a cara entre ambos líderes en lo que va del año, luego del viaje que Trump realizó a Beijing en mayo. Es, además, la primera visita de Estado de Xi a la Casa Blanca desde 2015, cuando se reunió allí con el entonces presidente Barack Obama.

Beijing también se mostró incómodo por la operación militar que Trump ordenó este año para desplazar del poder al presidente venezolano Nicolás Maduro y trasladarlo a Nueva York, donde enfrenta cargos federales por narcoterrorismo y tráfico de drogas.

Trump ha presionado desde entonces a las naciones latinoamericanas para que reduzcan sus vínculos económicos y políticos con China. También justificó el impulso de una mayor participación estadounidense en la industria petrolera venezolana al señalar la influencia china y rusa en el país sudamericano.

La reunión dejó señales de distensión en la relación bilateral, pero también expuso la lista de temas abiertos entre Washington y Beijing: comercio, seguridad, tecnología, Taiwán e Irán siguieron en el centro de la conversación.

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