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martes, febrero 20, 2024

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Una tragedia más y nuestra poca educación vial

Hace un par de semanas se suscitó otro accidente vial en Cancún contra un grupo de ciclistas. Lo que pudo prevenirse respetando los señalamientos de límite de velocidad se convirtió en una tragedia más para la comunidad ciclista quintanarroense.

Víctor, Raúl, Alonso y Roger salieron en grupo, como es recomendado, durante la madrugada a realizar su ruta cotidiana: desde Av. Las Torres, pasando por Av. Huayacán y retornando en la salida hacia la carretera de cuota Cancún- Mérida.

En la mitad del trayecto, al hacer el relevo rutinario del ciclismo de ruta (una rotación entre los ciclistas marcando una fila), fueron embestidos por una camioneta que apareció moviéndose entre los carriles a más de 150 km/hr.

El golpe lo recibieron Roger y Alonso, quien cayó de la bicicleta y quedó inmovilizado durante unos veinte minutos, perdiendo el conocimiento, mientras que Roger, desapareció de la vista de sus compañeros tras el choque.

Durante la primera conmoción, Víctor y Raúl se reincorporaron ilesos para buscar a sus compañeros, llamar a los números de emergencia y pedir asistencia a una patrulla que iba pasando en ese momento. Mientras ocurría la detención del conductor y le brindaban apoyo paramédico a Alonso, el segundo en la rotación, el resto de sus compañeros buscaban a Roger sin éxito hasta encontrarlo sin vida veinte metros al interior de la selva.

Lo que parecería la crónica de una tragedia ciclista se ha vuelto una constante en Cancún, donde ocurren cada vez más accidentes viales, ya sea contra peatones, ciclistas o vehículos.

Algunas personas “culpan” las nuevas vialidades, otras que en Cancún “hay personas de todas partes”, o que hacen falta semáforos, o topes, o una mejor regulación… la lista sería infinita si buscamos las excusas cuando el factor común es algo directo: la poca o nula educación vial que tenemos las y los cancunenses.

Conducir en exceso de velocidad provoca más del 30% de los accidentes fatales, además de ser considerado un comportamiento agresivo. Las posibilidades de perder el control del vehículo, no medir distancias para frenar o no poder reaccionar ante cualquier eventualidad aumentan.

En una ciudad en donde se juntan todos los factores que mencioné, las autoridades tienen una responsabilidad, pero también un límite; no hay más reformas a la ley de tránsito o movilidad que aguanten los comportamientos agresivos de los conductores frente a un volante.

Salir de tu casa, caminar las calles, cruzar hacia los trabajos o centros de estudio o realizar un deporte no debería ser un peligro inminente, para nadie. Mucho qué reflexionar.

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