Magaly Achach: la pionera que abrió caminos para Quintana Roo

En una ciudad que creció tan rápido como sus sueños, hay nombres que no se olvidan porque están escritos en sus calles, en sus colonias y en la memoria colectiva de su gente. Hoy Cancún despide a una de esas mujeres que no solo vivieron su tiempo, sino que lo transformaron con convicción, cercanía y profundo amor por su comunidad.

En Cancún, donde todo parece avanzar con prisa, hay noticias que obligan a detenerse. La partida de Sonia Magaly Achach Solís, ocurrida el 10 de abril de 2026, es una de ellas. No solo por lo que representó en la vida pública de Quintana Roo, sino por lo que significó para una generación que vio en ella a una mujer firme, cercana, profundamente humana.

Hablar de Magaly Achach es, inevitablemente, hablar de los orígenes de una ciudad que aún estaba encontrando su identidad. De un Cancún que no tenía todavía las avenidas que hoy recorremos, ni la infraestructura que hoy damos por sentada, pero que ya tenía algo esencial: gente dispuesta a construirlo desde abajo.

Ella fue parte de ese origen.

Y no desde la distancia, sino desde la cercanía.

Desde la escucha.

Desde el acompañamiento cotidiano.

Quienes tuvimos la oportunidad de conocer su historia —y muchos, de coincidir con ella en distintos momentos de la vida pública— sabemos que su liderazgo no nació en un escritorio, sino en el contacto directo con la gente. En esas colonias que durante años lucharon por servicios básicos, por certeza jurídica, por condiciones dignas para vivir.

Magaly entendió algo que no todos comprenden en política: que el poder solo tiene sentido cuando se traduce en soluciones reales.

LA MAESTRA QUE ENTENDIÓ A SU TIEMPO

Nacida en Tecoh, Yucatán, formada como profesora, su llegada a Quintana Roo en la década de los setenta no fue solo un cambio geográfico. Fue el inicio de una vocación que encontraría en este estado su propósito más profundo.

Su paso por la Escuela Secundaria Técnica Número 10 en Leona Vicario no fue una etapa más en su vida profesional. Fue el punto de partida de una sensibilidad social que la acompañaría siempre. Ahí conoció de cerca la realidad de las familias que llegaban a esta tierra con lo indispensable: esperanza y necesidad.

Y fue ahí donde comenzó a construir.

El Frente Único de Colonos (FUC) no fue solo una organización. Fue una expresión genuina de organización social en un Cancún que crecía sin pausa, muchas veces sin planeación, pero con una enorme fuerza comunitaria. Magaly no solo encabezó ese movimiento; lo dignificó.

Le dio voz.

Le dio rumbo.

Le dio resultados.

UNA TRAYECTORIA QUE SE CONSTRUYÓ PASO A PASO

Su llegada a la política institucional fue una consecuencia natural de ese trabajo previo. Regidora, síndico, diputada local en dos ocasiones, diputada federal… cada uno de esos espacios fue asumido con una lógica que hoy parece sencilla, pero que en su momento fue profundamente disruptiva: representar de verdad a la gente.

No era una política de discursos lejanos.

Era una política de gestión.

De territorio.

De contacto directo.

En cada responsabilidad, Magaly Achach mantuvo esa constante: no perder nunca el vínculo con la ciudadanía.

LA PRIMERA MUJER, PERO SOBRE TODO LA PRIMERA DE MUCHAS

Su llegada a la presidencia municipal de Benito Juárez en 1999 no solo marcó un hecho histórico —ser la primera mujer en ocupar ese cargo—, sino que abrió una puerta que ya no volvió a cerrarse.

Hoy, cuando vemos a mujeres liderando espacios políticos en Quintana Roo, es imposible no mirar hacia atrás y reconocer que ese camino no apareció de la nada.

Alguien lo abrió.

Y Magaly fue una de esas mujeres.

Su administración, entre 1999 y 2002, tuvo un sello muy claro: humanizar el crecimiento de Cancún. En medio de una expansión urbana acelerada, su gobierno entendió que el desarrollo no podía medirse únicamente en cifras, sino en la calidad de vida de las personas.

Las calles pavimentadas, las banquetas, el drenaje, el alumbrado público en colonias que durante años habían sido olvidadas no fueron obras aisladas. Fueron decisiones que cambiaron la vida cotidiana de miles de familias.

Fraccionamientos como Cecilio Chi o Jacinto Pat no son solo referencias urbanas. Son parte de un proceso de ordenamiento que tuvo visión social.

Magaly entendió que gobernar no era administrar el presente, sino construir el futuro desde la dignidad.

LA MUJER, LA MADRE, LA FAMILIA

Pero más allá de la figura pública, hay una dimensión que hoy, en momentos como este, adquiere un significado aún más profundo: la mujer que fue en su vida personal.

Madre de Candy, Sonia y María José, esposa del profesor José Alonso “Chel” Ayuso, Magaly Achach supo equilibrar su vida pública con un profundo sentido familiar. Quienes la conocieron de cerca saben que esa dimensión fue siempre su refugio y su fortaleza.

Hoy, en medio del dolor que deja su partida, es imposible no pensar en ellas.

En Candy, en Sonia, en María José.

En su esposo.

En la familia que hoy enfrenta la ausencia, pero también sostiene un legado que trasciende generaciones.

Desde aquí, con respeto y cercanía, se extiende un abrazo sincero. De esos que no necesitan palabras grandilocuentes, porque se entienden desde lo humano.

UNA VIDA DE LUCHA, TAMBIÉN EN LO PERSONAL

En los años recientes, Magaly enfrentó una batalla personal compleja. Lo hizo con la misma entereza con la que enfrentó cada etapa de su vida pública. Su lucha contra el cáncer fue también un testimonio de resiliencia, de fortaleza y de una dignidad que nunca perdió.

Superó esa etapa.

Se levantó.

Y volvió a su vida con la misma serenidad que siempre la caracterizó.

Por eso, su partida duele, pero también deja una enseñanza.

EL LEGADO QUE PERMANECE

Hay figuras públicas que pasan por el poder.

Y hay otras que dejan huella.

Magaly Achach pertenece a estas últimas.

Su legado no está en los discursos ni en los archivos institucionales. Está en las colonias que ayudó a consolidar, en las calles que hoy se recorren con normalidad, en las mujeres que encontraron en ella un referente, en las familias que hoy viven en condiciones más dignas gracias a decisiones que ella impulsó.

En un estado que creció de manera vertiginosa, su trabajo ayudó a darle estructura social a ese crecimiento.

A hacerlo más humano.

Más justo.

Más cercano.

UNA DESPEDIDA DESDE LA MEMORIA Y EL AFECTO

Hoy Cancún despide a una de sus pioneras.

Y lo hace con respeto.

Con gratitud.

Con memoria.

Porque las ciudades no solo se construyen con concreto y acero. Se construyen con historias. Con decisiones. Con personas que, en momentos clave, eligieron servir.

Magaly Achach fue una de ellas.

Y por eso su ausencia se siente.

Pero también por eso su presencia permanece.

En cada calle.

En cada colonia.

En cada mujer que hoy participa en la vida pública con la certeza de que ese espacio también le pertenece.

Porque alguien, antes, lo abrió.

Y lo abrió con firmeza.

Con sensibilidad.

Con humanidad.

Así se construyen los legados que no se apagan.

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