ESTAS SON LAS EMPRESAS MÁS IMPORTANTES DE QUINTANA ROO EN 2026
En nuestro estado, donde el turismo no es solamente una industria sino el sistema circulatorio de la economía, estas compañías concentran buena parte de la conectividad, la hotelería, la inversión, la movilidad, la experiencia turística y el empleo que sostienen al Caribe Mexicano.
Quintana Roo no se entiende desde la distancia. No basta mirar sus cifras desde una oficina en la Ciudad de México, Madrid, Nueva York o Miami para comprender lo que realmente ocurre aquí. Nuestro estado es mucho más que una postal de playas, hoteles, vuelos internacionales y cruceros. Es una economía viva, compleja, acelerada, exigente y profundamente dependiente de una maquinaria turística que todos los días debe funcionar con precisión casi quirúrgica.
Cada avión que aterriza en Cancún, cada huésped que se registra en un hotel de la Riviera Maya, cada familia que cruza en ferry hacia Isla Mujeres, cada pareja que celebra una boda destino, cada turista que compra una excursión, cada colaborador que entra a turno en cocina, recepción, mantenimiento, transporte o limpieza, forma parte de una misma cadena económica. Esa cadena empieza muchas veces en el aeropuerto, continúa en las carreteras, se expande en los hoteles, se diversifica en parques, restaurantes, marinas, ferries, tours y experiencias, y termina convirtiéndose en empleo, consumo, inversión, impuestos y derrama para miles de familias.
Por eso, hablar de las empresas más importantes de Quintana Roo no puede ser un ejercicio superficial. No se trata de medir únicamente quién tiene más fama, quién aparece más en redes sociales o quién posee más habitaciones. Se trata de identificar qué compañías sostienen realmente el funcionamiento económico de nuestro estado. Quiénes abren la puerta de entrada. Quiénes generan empleo masivo. Quiénes invierten de forma constante. Quiénes han construido marcas de alcance internacional desde el Caribe Mexicano. Quiénes dominan segmentos estratégicos de la hotelería. Quiénes conectan nuestras islas. Quiénes acompañan al turista durante todo su viaje. Quiénes, en suma, hacen posible que Quintana Roo siga siendo una de las economías turísticas más poderosas de América Latina.
La respuesta no es sencilla. No existe un ranking oficial que ordene a las empresas por facturación generada exclusivamente en nuestro estado. Muchas compañías privadas no publican ingresos por plaza. Algunas forman parte de corporativos internacionales que reportan resultados globales, pero no desglosan con precisión sus operaciones locales. Otras son mexicanas y nacieron aquí, o crecieron desde aquí, y han hecho del Caribe Mexicano su principal plataforma. También hay grupos extranjeros cuya presencia en Cancún, Riviera Maya, Puerto Morelos, Akumal, Cozumel o Isla Mujeres es tan relevante que sería imposible explicar nuestra economía sin mencionarlos.
Por eso, este artículo propone una jerarquización periodística, no una tabla contable cerrada. El criterio central es el impacto real en Quintana Roo: conectividad, empleo, inversión, presencia consolidada, capacidad de operación, relevancia estratégica y peso dentro de la cadena turística. Donde hay datos públicos, se utilizan. Donde no hay cifras abiertas, se privilegia la prudencia. En un tema de esta magnitud, la seriedad obliga a no inventar.
El resultado confirma una verdad que quienes vivimos aquí conocemos bien: Quintana Roo es una potencia, pero también una economía concentrada. Nuestro éxito depende, en gran medida, de que el visitante siga llegando. Si llegan los vuelos, se llenan los hoteles. Si se llenan los hoteles, hay trabajo. Si hay trabajo, se mueve el consumo. Si el turista gasta, se activa toda una red de empresas, proveedores y trabajadores. Pero si se reduce el flujo, si se afecta la conectividad, si se deteriora la percepción del destino, si el sargazo golpea las playas, si la infraestructura se satura o si una crisis internacional frena los viajes, todo el modelo lo siente.
Estas diez empresas no son las únicas importantes. Quintana Roo tiene empresarios locales, desarrolladores, restauranteros, transportistas, constructores, proveedores, comercios, escuelas, medios, servicios médicos, agencias y pequeñas empresas que también sostienen el día a día. Pero las compañías que aquí presentamos ocupan nodos centrales de nuestro modelo económico. Son, cada una desde su sector, piezas decisivas del Caribe Mexicano en 2026.
1. ASUR: LA GRAN PUERTA DE ENTRADA A NUESTRO ESTADO
Si una empresa puede medir todos los días el pulso económico de Quintana Roo, esa empresa es Grupo Aeroportuario del Sureste, ASUR.
La razón es evidente para cualquiera que viva en Cancún o trabaje en turismo: nuestro estado depende de la conectividad aérea. Antes de que un visitante llegue a su hotel, antes de que compre una excursión, antes de que tome un ferry, antes de que cene frente al mar, antes de que se case en la Riviera Maya o visite un parque, primero aterriza. Y para millones de personas, ese primer contacto con el Caribe Mexicano ocurre en el Aeropuerto Internacional de Cancún.
ASUR opera la principal puerta aérea de nuestro estado. Su importancia no está únicamente en administrar pistas, terminales, estacionamientos, comercios y servicios aeroportuarios. Su verdadera dimensión está en que funciona como el inicio de casi toda la cadena de valor turística. Aerolíneas, hoteles, transportadoras, arrendadoras, agencias, restaurantes, parques, marinas, comercios y prestadores de servicios dependen, directa o indirectamente, del flujo que pasa por sus terminales.
El Aeropuerto Internacional de Cancún movilizó alrededor de 29.3 millones de pasajeros en 2025. Esa cifra no representa solo viajeros; representa noches de hotel, empleos, consumo, propinas, compras, transporte terrestre, tours, eventos, impuestos y derrama económica. En un estado que vive de recibir visitantes, cada asiento de avión tiene un efecto multiplicador.
ASUR surgió en 1998, en el contexto de la privatización aeroportuaria mexicana, y con el tiempo se convirtió en uno de los operadores de infraestructura aérea más importantes del país. Cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores y en Nueva York, lo que permite conocer con mayor precisión su desempeño financiero. Aunque el grupo opera otros aeropuertos dentro y fuera de México, Cancún es uno de sus activos más estratégicos.
Para Quintana Roo, ASUR es más que una empresa aeroportuaria: es infraestructura productiva. Si la terminal funciona bien, el destino respira. Si se satura, si los procesos se vuelven lentos, si migración, equipaje, transporte o servicios fallan, la experiencia del visitante se afecta desde el primer minuto. En turismo, la primera impresión pesa. Y esa primera impresión, para millones de visitantes, ocurre bajo la operación de ASUR.
El reto de la empresa en 2026 es complejo. Por un lado, debe mantener eficiencia en temporadas de alta demanda. Por otro, debe adaptarse a un nuevo mapa de conectividad regional con el Aeropuerto Internacional de Tulum, el Tren Maya y la necesidad de articular mejor los flujos hacia el norte, centro y sur del estado. La competencia ya no se juega únicamente entre destinos, sino entre experiencias completas de llegada, movilidad y servicio.
Aun así, ASUR conserva una posición difícil de sustituir. En nuestro estado, el turismo entra principalmente por aire. Y mientras Cancún siga siendo una de las grandes puertas internacionales de México, ASUR seguirá ocupando el primer lugar en cualquier análisis serio sobre las empresas más importantes de Quintana Roo.
2. EXPERIENCIAS XCARET: LA EMPRESA QUE CONVIRTIÓ LA IDENTIDAD EN EXPERIENCIA GLOBAL
Experiencias Xcaret es quizá la historia empresarial más emblemática nacida en el Caribe Mexicano. Su importancia no radica solamente en el número de visitantes que recibe, sino en algo más profundo: Xcaret logró convertir naturaleza, cultura, espectáculo, gastronomía, hospitalidad y orgullo mexicano en una marca turística reconocida en el mundo.
Quienes vivimos en Quintana Roo hemos visto cómo Xcaret dejó de ser solo un parque para convertirse en un ecosistema. Lo que inició en 1990 como un proyecto ecoarqueológico se transformó en una red de parques, hoteles, tours, experiencias, transportación, espectáculos y productos turísticos integrados. Xcaret, Xel-Há, Xplor, Xoximilco, Xenses, Xavage y sus hoteles forman parte de una oferta que ya no compite únicamente por playa, sino por identidad.
Ese es su mayor aporte al modelo turístico de nuestro estado. Durante años, Cancún y la Riviera Maya fueron vendidos al mundo principalmente como sol y playa. Xcaret amplió la conversación. Demostró que el visitante también podía buscar ríos subterráneos, selva, cenotes, cultura maya, música, fauna, gastronomía, tradiciones, arquitectura integrada y espectáculos de gran producción. La empresa entendió que el turismo moderno no solo vende descanso; vende emociones, memoria y pertenencia.
Su modelo hotelero reforzó esa visión. Hotel Xcaret México, Hotel Xcaret Arte y La Casa de la Playa llevaron la marca al segmento de mayor valor. El concepto All-Fun Inclusive integró hospedaje con acceso a parques y experiencias, cambiando la lógica tradicional del todo incluido. En lugar de mantener al huésped dentro de un hotel, lo mueve dentro de un ecosistema controlado, diverso y narrativamente coherente.
La empresa anunció una inversión de 700 millones de dólares para ampliar Hotel Xcaret México, con la generación de 1,600 empleos directos en su primera etapa y el objetivo de llevar el complejo a 1,800 habitaciones distribuidas en casas inspiradas en la cosmovisión maya. También se ha reportado una evolución del proyecto con una inversión superior a mil millones de dólares, lo que confirma que Xcaret no está apostando a una expansión menor, sino a una etapa de consolidación de gran escala.
En nuestro estado, el impacto de Xcaret es amplio: empleo, proveeduría, transporte, alimentos, espectáculos, promoción internacional, encadenamientos con artesanos y una narrativa que ayuda a elevar el valor del destino. Su presencia obliga a otros actores turísticos a mejorar. Cuando una empresa local eleva el estándar, el destino completo se beneficia.
Pero también por eso su responsabilidad es mayor. Xcaret vende naturaleza, y quien vende naturaleza debe protegerla. Vende cultura, y quien vende cultura debe cuidarla. Vende identidad mexicana, y quien convierte la identidad en producto turístico debe evitar que se vuelva caricatura. La presión ambiental, la gestión del agua, la movilidad regional, el manejo de residuos, la vivienda para trabajadores y la capacidad de carga de los ecosistemas son retos que acompañan su crecimiento.
Xcaret ocupa el segundo lugar porque representa una de las mejores demostraciones de que el capital mexicano puede competir globalmente desde Quintana Roo. Es una empresa nacida aquí, crecida aquí y profundamente asociada al Caribe Mexicano. En un estado donde buena parte de la inversión turística llega de fuera, Xcaret muestra que desde nuestro territorio también se pueden crear marcas mundiales.
3. THE PALACE COMPANY: EL PODER HOTELERO NACIDO EN CANCÚN
The Palace Company, conocida durante décadas por Palace Resorts, es una institución empresarial de Cancún. Su historia está ligada al crecimiento de nuestro destino, al auge de la hotelería todo incluido y a la consolidación de una oferta de lujo capaz de competir con las grandes marcas internacionales.
Detrás de nombres como Moon Palace, Beach Palace, Sun Palace y Le Blanc Spa Resort existe una empresa mexicana que creció desde esta región. Ese dato importa. Palace no es un corporativo que llegó a Quintana Roo cuando el destino ya estaba hecho. Es parte de la historia de cómo Cancún se convirtió en potencia hotelera. Su trayectoria está vinculada al apellido Chapur, a la visión empresarial regional y a la capacidad de construir una compañía con presencia internacional sin perder su centro de gravedad en el Caribe Mexicano.
Moon Palace Cancún es uno de los complejos más representativos de la región. Por su tamaño, capacidad de hospedaje, oferta de eventos, convenciones, gastronomía y entretenimiento, funciona como una ciudad turística. Le Blanc Spa Resort, por su parte, ayudó a posicionar a Cancún en el segmento de lujo adulto, con tarifas altas, servicio especializado y una propuesta orientada al huésped de mayor poder adquisitivo.
The Palace Company ha evolucionado hacia una estructura de marcas que incluye Palace Resorts, Moon Palace Resorts, Le Blanc Spa Resorts y Baglioni Hotels & Resorts. Esa transformación corporativa muestra una ambición mayor: no solo operar hoteles, sino administrar un portafolio de hospitalidad con distintos segmentos, mercados y geografías.
En Quintana Roo, su importancia se mide en habitaciones, empleos, compras, eventos, bodas, convenciones, alimentos y bebidas, proveedores, promoción internacional y capacitación laboral. La empresa ha sido señalada como uno de los grandes empleadores privados del estado, con una operación que rebasa la lógica tradicional de un hotel. Palace compra, produce, transporta, vende, hospeda, entretiene y promueve.
Su impacto también es simbólico. Representa una forma de capital regional que logró madurar. En nuestro estado, donde muchas cadenas son extranjeras y reportan sus decisiones desde otros países, The Palace Company mantiene una lectura local del mercado. Sabe cómo se comporta Cancún, entiende la estacionalidad, conoce la competencia, reconoce la importancia de las convenciones y ha sabido construir una marca asociada a calidad.
El reto hacia 2026 es mantener vigencia. La hotelería de lujo se ha vuelto más exigente. El huésped contemporáneo compara experiencias en tiempo real, exige diseño, bienestar, gastronomía, personalización, tecnología, sostenibilidad y servicio impecable. Además, Cancún enfrenta retos de movilidad, costo laboral, vivienda para colaboradores, energía, agua, sargazo y competencia creciente de nuevos resorts.
The Palace Company ocupa el tercer lugar porque Cancún no se entiende sin Palace. Es una empresa nacida desde la región, con impacto económico profundo y con una capacidad probada para competir en el segmento más rentable de la hospitalidad.
4. RIU: LA ESCALA INTERNACIONAL DEL TODO INCLUIDO
RIU Hotels & Resorts es una cadena española, pero su presencia en Quintana Roo es tan amplia que no puede quedar fuera de este análisis. En nuestro estado, RIU representa la fuerza del modelo todo incluido de gran escala: volumen, eficiencia, distribución internacional, operación estandarizada y capacidad para atraer a miles de turistas de distintos mercados.
A finales de 2025, la cadena inauguró el Hotel Riu Ventura en Cancún, con 705 habitaciones, y alcanzó 15 hoteles en Quintana Roo. Ese dato confirma la profundidad de su apuesta por el Caribe Mexicano. No estamos hablando de una presencia marginal, sino de una de las plataformas hoteleras más relevantes de la compañía.
RIU tiene hoteles en Cancún, Costa Mujeres, Playa del Carmen y Riviera Maya. Su modelo está diseñado para operar con altos volúmenes de ocupación, apoyado en marca internacional, paquetes vacacionales, canales de distribución y una relación histórica con mercados europeos, canadienses, estadounidenses y latinoamericanos. En un estado cuya economía depende del flujo constante de visitantes, empresas como RIU ayudan a sostener el volumen.
Su impacto económico se expresa en miles de empleos directos e indirectos, compra de insumos, contratación de proveedores, ocupación hotelera, pago de impuestos, promoción del destino y movimiento permanente de visitantes. Cada hotel de gran escala funciona como una unidad productiva compleja: cocina, mantenimiento, recepción, limpieza, bares, entretenimiento, jardinería, seguridad, administración, compras y logística.
RIU también ilustra una de las fortalezas y tensiones de nuestro modelo económico. Por un lado, las cadenas internacionales han sido decisivas para posicionar al Caribe Mexicano. Han traído inversión, marca, mercados, empleos y capacidad operativa. Por otro lado, su presencia obliga a preguntarnos cuánto de la riqueza generada se queda realmente en nuestro estado, cuánto fortalece proveedores locales y cuánto contribuye a mejorar la vida de quienes trabajan en la industria.
El reto de RIU en 2026 no es únicamente mantener ocupación. Es diferenciarse en un mercado saturado de todo incluido. El turista ya no busca solamente habitación, playa y buffet. Quiere experiencias más auténticas, mejor gastronomía, responsabilidad ambiental, diseño, conectividad, bienestar y relación con el destino. Las grandes cadenas deben evolucionar para no quedar atrapadas en un modelo de volumen que, aunque exitoso, enfrenta nuevas exigencias.
RIU ocupa el cuarto lugar porque su escala influye directamente en la economía turística de Quintana Roo. Es una empresa internacional, sí, pero profundamente integrada a nuestro mapa hotelero. Donde RIU opera, hay empleo, ocupación, consumo y movimiento económico.
5. BARCELÓ: EL GIGANTE HOTELERO DE LA RIVIERA MAYA
Barceló Hotel Group es otro de los grandes grupos españoles que han hecho de Quintana Roo una plaza estratégica. Su presencia en la Riviera Maya, especialmente a través del complejo Barceló Maya Grand Resort, lo convierte en uno de los actores más relevantes de la hotelería de gran formato en nuestro estado.
Un complejo como Barceló Maya no debe entenderse solamente como un conjunto de hoteles frente al mar. Es una operación turística de enorme escala, con miles de habitaciones, restaurantes, bares, centros de entretenimiento, instalaciones deportivas, áreas para convenciones, mantenimiento, seguridad, jardinería, lavandería, compras, servicios de playa, administración y una estructura laboral que funciona todos los días del año.
En la Riviera Maya, Barceló tiene un peso económico evidente. Genera empleo, compra alimentos y bebidas, contrata servicios, atrae visitantes, sostiene proveedores y contribuye a mantener la competitividad del corredor turístico. Además, su capacidad para atender turismo familiar, vacacional, de grupos y convenciones le da una importancia adicional. Los grandes complejos reducen la dependencia de temporadas específicas al operar con mercados diversos.
La empresa reportó planes de inversión de alrededor de 150 millones de dólares para Quintana Roo entre 2026 y 2027, enfocados principalmente en mejorar producto, renovar estándares y fortalecer la calidad de sus propiedades. Ese punto es clave. El futuro de la hotelería en nuestro estado no puede consistir solo en abrir más cuartos. También debe consistir en renovar lo existente, elevar calidad, modernizar instalaciones y adaptarse a nuevas expectativas.
Barceló enfrenta los mismos retos que otros grandes operadores: presión ambiental, sargazo, movilidad, vivienda para trabajadores, costos operativos, competencia por talento y una conversación pública cada vez más exigente sobre la relación entre grandes hoteles y comunidades locales. En la Riviera Maya, los hoteles no pueden aislarse de lo que ocurre fuera de sus muros. Dependen de carreteras, agua, energía, playas limpias, seguridad y trabajadores que puedan vivir dignamente cerca de donde laboran.
Su importancia, sin embargo, es indiscutible. Barceló ha contribuido a consolidar la Riviera Maya como uno de los corredores hoteleros más fuertes del continente. Su permanencia y su inversión confirman que nuestro estado sigue siendo prioritario para las grandes cadenas europeas.
Barceló ocupa el quinto lugar porque representa la fuerza de la hotelería de gran escala en la Riviera Maya. No nació aquí, pero su operación forma parte esencial de nuestra economía turística.
6. PIÑERO BAHIA PRINCIPE: AKUMAL COMO CENTRO DE UNA OPERACIÓN INTERNACIONAL
Grupo Piñero, a través de Bahia Principe Hotels & Resorts, tiene en Akumal y la Riviera Maya una de sus operaciones más importantes en México. Su presencia en nuestro estado ha sido durante años un punto de referencia para el turismo todo incluido, particularmente en el corredor que conecta Playa del Carmen con Tulum.
Bahia Principe no es solamente una marca hotelera. En Akumal, su complejo representa empleo, habitaciones, proveedores, movilidad, consumo, servicios, mantenimiento, entretenimiento y una influencia territorial considerable. Los grandes resorts de esta zona no solo hospedan visitantes; también modifican la economía de comunidades cercanas, generan demanda de transporte, requieren mano de obra especializada y sostienen parte de la actividad comercial regional.
Grupo Piñero es una empresa española con más de cinco décadas de trayectoria. En años recientes reportó una facturación global cercana a los mil millones de euros y una plantilla de alrededor de 16 mil colaboradores. Aunque esas cifras corresponden al grupo completo, ayudan a dimensionar la escala corporativa detrás de Bahia Principe.
Uno de los movimientos más relevantes fue su alianza con Hyatt. La operación contempla la gestión conjunta de hoteles Bahia Principe en distintos destinos, con más de 12 mil habitaciones integradas a una plataforma internacional de mayor distribución. Para Quintana Roo, esto importa porque la hotelería todo incluido está entrando en una nueva etapa: marcas más globales, programas de lealtad más fuertes, estándares más altos y mayor presión por renovar activos.
Las inversiones de renovación anunciadas dentro de esta alianza buscan actualizar propiedades, elevar estándares y adaptar los hoteles a las exigencias del huésped contemporáneo. En nuestro estado, eso es fundamental. Muchos complejos que fueron exitosos durante décadas necesitan modernizar habitaciones, gastronomía, tecnología, diseño, sostenibilidad y experiencia.
El impacto de Piñero Bahia Principe en Quintana Roo debe medirse por su presencia histórica, su escala hotelera, su contribución laboral y su importancia en Akumal. En una zona que vive tensiones entre turismo, medio ambiente, comunidades, desarrollo inmobiliario y movilidad, un complejo de esta magnitud no puede ser un actor pasivo. Tiene responsabilidad en el equilibrio del territorio.
Su reto hacia adelante será adaptarse sin perder competitividad. El turista de 2026 no quiere únicamente precio y playa; quiere valor, servicio, autenticidad, sostenibilidad y confianza. La alianza con Hyatt puede darle fuerza comercial, especialmente hacia el mercado norteamericano, pero también elevará las exigencias.
Piñero Bahia Principe ocupa el sexto lugar porque su presencia en Akumal y la Riviera Maya es profunda, antigua y económicamente relevante. Es uno de esos grupos cuyo impacto no siempre se mide desde Cancún, pero que pesa enormemente en la estructura turística de nuestro estado.
7. PAM / RCD HOTELS: LA APUESTA LOCAL POR EL LUJO DE GRAN ESCALA
PAM Hotels y RCD Hotels forman parte de una historia empresarial con fuerte presencia en Cancún y en el segmento de lujo, entretenimiento y hospitalidad de alto impacto. Su relevancia está en una combinación especialmente valiosa para nuestro estado: operación regional, ambición internacional, productos premium y capacidad para desarrollar proyectos de gran escala.
Su portafolio incluye propiedades asociadas a marcas de alto reconocimiento como AVA Resort Cancún, UNICO 20°87° Riviera Maya y conceptos vinculados a Hard Rock Hotels. Esa cartera muestra una estrategia clara: competir en segmentos de lujo, entretenimiento, experiencias y todo incluido de alto valor.
AVA Resort Cancún es una de las aperturas hoteleras más relevantes de los últimos años en nuestro destino. Su propuesta comercial se construye alrededor de una promesa poderosa: vistas al mar desde sus habitaciones y una experiencia todo incluido de nueva generación. Este tipo de proyectos no solo agrega inventario hotelero; redefine la imagen de una zona, genera empleo, demanda proveedores, mueve servicios y contribuye a mantener a Cancún en la conversación internacional de nuevos resorts.
UNICO 20°87° Riviera Maya, por su parte, se ha posicionado como un hotel de lujo solo para adultos, con un discurso más vinculado a autenticidad, diseño, gastronomía y experiencia local. En un mercado donde muchos resorts compiten con fórmulas parecidas, este tipo de producto ayuda a elevar el valor por huésped.
PAM/RCD representa una ruta importante para Quintana Roo: empresas con base regional capaces de competir contra corporativos internacionales. Nuestro estado no puede depender únicamente de cadenas extranjeras. Necesita grupos con conocimiento local, capacidad de inversión, operación profesional y visión de largo plazo.
La hotelería de lujo, sin embargo, no perdona errores. El huésped premium espera servicio impecable, instalaciones de alto nivel, gastronomía cuidada, tecnología, seguridad, bienestar, playa en buenas condiciones y una experiencia sin fricciones. Además, los grandes resorts enfrentan obligaciones cada vez más claras en materia ambiental: manejo del agua, energía, residuos, relación con comunidades y presión sobre infraestructura urbana.
El reto para PAM/RCD será sostener excelencia operativa en un mercado altamente competido. Cancún y la Riviera Maya reciben nuevas marcas cada año. El lujo ya no se define únicamente por el tamaño del hotel o por sus acabados, sino por la calidad de la experiencia y la capacidad de conectar con un huésped más exigente.
PAM/RCD ocupa el séptimo lugar porque representa una apuesta local y regional por competir en las grandes ligas de la hospitalidad. En nuestro estado, donde la inversión externa es dominante, resulta estratégico reconocer a los grupos que han logrado construir productos de escala internacional desde el Caribe Mexicano.
8. GRUPO LOMAS: EL HOLDING LOCAL QUE ACOMPAÑA TODO EL VIAJE
Grupo Lomas es una de las empresas más representativas del empresariado turístico nacido en nuestro entorno. Su historia comenzó en 1981 y, con el paso de las décadas, evolucionó de una operación receptiva a un holding turístico integral con presencia fuerte en Cancún y la Riviera Maya.
La importancia de Grupo Lomas está en haber entendido algo que muchas veces el visitante no ve: el turismo no ocurre solo dentro del hotel. Entre el aeropuerto y la habitación hay transporte. Entre una reservación y una experiencia hay logística. Entre una boda destino y su realización hay coordinación, proveedores, alimentos, decoración, música, fotografía, traslados, tiempos, permisos y operación. Entre un viaje memorable y uno problemático hay empresas que saben cómo funciona el territorio.
Grupo Lomas opera precisamente en esa zona invisible, pero indispensable. A través de sus distintas divisiones participa en transportación, agencias receptivas, tours, bodas, eventos, hotelería y servicios turísticos. Su relación con marcas y propiedades como El Dorado, Generations, Hidden Beach y Nickelodeon Hotels & Resorts Riviera Maya le ha permitido capturar valor en distintos momentos del viaje.
En nuestro estado, Lomas representa un tipo de empresa que no solo vende un producto, sino que articula experiencias. Acompaña al turista desde que aterriza, lo transporta, lo conecta con actividades, participa en su hospedaje, organiza eventos y le ofrece servicios complementarios. Esa integración es una fortaleza en una industria donde cada minuto cuenta.
Su impacto económico se expresa en empleos, flota vehicular, proveedores, servicios turísticos, operación regional y reinversión. También tiene un valor simbólico: es una empresa mexicana con conocimiento profundo del Caribe Mexicano. No aprendió el destino desde un manual corporativo; lo aprendió desde la operación diaria.
Los retos, sin embargo, son fuertes. Las plataformas digitales han cambiado la forma en que los turistas reservan. Las agencias tradicionales enfrentan competencia de sistemas globales. El visitante compara precios, lee reseñas, exige respuestas inmediatas y busca experiencias personalizadas. Además, la movilidad en el corredor Cancún-Riviera Maya es cada vez más compleja, con tráfico, regulación, competencia y presión sobre tiempos de traslado.
Pero Grupo Lomas conserva una ventaja difícil de comprar: experiencia local. Saber cómo se mueve el aeropuerto en temporada alta, cómo coordinar una boda con cientos de invitados, cómo operar traslados, cómo reaccionar ante lluvia, retrasos, cierres o cambios de último minuto, es conocimiento acumulado.
Grupo Lomas ocupa el octavo lugar porque ayuda a que el viaje funcione. En una economía como la nuestra, eso vale tanto como construir hoteles. Sin operación, logística y servicios integrados, la experiencia turística se rompe.
9. ULTRAMAR: LA MOVILIDAD QUE SOSTIENE A NUESTRAS ISLAS
En Quintana Roo, algunas empresas son importantes no por operar grandes hoteles, sino por conectar territorios. Ultramar es una de ellas.
Nuestro estado tiene una geografía turística particular. Isla Mujeres y Cozumel son parte esencial de la identidad del Caribe Mexicano, pero su fuerza económica depende de la conectividad marítima. Para las islas, el ferry no es un lujo ni un complemento; es una infraestructura vital. Mueve turistas, trabajadores, residentes, mercancías, proveedores, alimentos, servicios y vida cotidiana.
Ultramar ha construido una marca reconocida en el transporte marítimo de pasajeros hacia Isla Mujeres y Cozumel. Sus rutas desde Cancún y Playa del Carmen forman parte del mapa diario de miles de visitantes y habitantes. Cada cruce habilita consumo: restaurantes, tours, comercio, renta de carritos de golf, hoteles, playas, clubes, tiendas, transportistas y prestadores de servicios.
Su importancia se entiende mejor cuando imaginamos lo contrario. Si se reduce la conectividad marítima, si bajan las frecuencias, si los costos suben demasiado o si el servicio falla, la economía insular lo siente de inmediato. Isla Mujeres y Cozumel no pueden depender únicamente de su atractivo natural; necesitan acceso eficiente, seguro y constante.
Ultramar también ha participado en el transporte de vehículos y carga a través de servicios especializados, lo que refuerza su papel logístico. La vida económica de las islas no solo depende de turistas con boleto redondo; también depende de insumos, trabajadores, materiales y residentes que necesitan moverse con regularidad.
Sus retos son claros. La operación marítima enfrenta costos de combustible, regulación, mantenimiento, seguridad, competencia, condiciones climáticas y exigencias ambientales. El futuro del transporte marítimo en nuestro estado tendrá que avanzar hacia mayor eficiencia, menor impacto y mejor integración con la movilidad regional.
Además, Ultramar opera en un segmento donde la concentración de mercado suele generar debate público. La conectividad insular es demasiado importante como para tratarse únicamente como negocio privado; tiene implicaciones sociales, turísticas y económicas. Por eso, la calidad del servicio, la regulación y la competitividad son temas que deben observarse con seriedad.
Ultramar ocupa el noveno lugar porque conecta a Quintana Roo consigo mismo. En un estado donde las islas son parte central de nuestra oferta turística, mover personas por mar es mover economía.
10. IBEROSTAR: HOTELERÍA INTERNACIONAL CON APUESTA POR SOSTENIBILIDAD
Iberostar cierra este ranking porque representa una combinación cada vez más relevante para nuestro estado: hotelería internacional consolidada, presencia en Cancún, Riviera Maya y Puerto Morelos, y una estrategia corporativa que ha colocado la sostenibilidad como parte central de su identidad.
La cadena española pertenece al Grupo Iberostar, una compañía con presencia global, alrededor de 100 hoteles y un plan de inversión de mil millones de euros hacia 2028. En 2025 reportó ingresos gestionados de 5,100 millones de euros, lo que confirma la dimensión de un grupo que compite en la primera línea de la hotelería internacional.
En Quintana Roo, Iberostar opera propiedades relevantes en Cancún y la Riviera Maya. Además, incorporó Iberostar Selection Riviera Cancún, un resort todo incluido ubicado cerca de Puerto Morelos, a corta distancia del Aeropuerto Internacional de Cancún. Su oferta incluye piscinas, suites, restaurantes y bares, en un formato orientado tanto a parejas como a familias.
La importancia de Iberostar en nuestro estado no radica únicamente en su capacidad hotelera. También está en su discurso de sostenibilidad. A través de su programa Wave of Change, la empresa ha impulsado acciones relacionadas con reducción de plásticos de un solo uso, pesca responsable, salud costera y disminución de emisiones. En un destino como el nuestro, esa conversación es indispensable.
Quintana Roo vende naturaleza. Vendemos mar, playas, arrecifes, cenotes, manglares, selva y paisajes. Si esos activos se deterioran, no solo perdemos belleza; perdemos competitividad económica. Por eso, las empresas hoteleras que incorporan metas ambientales serias pueden ayudar a elevar el estándar del sector.
Iberostar, sin embargo, enfrenta el mismo reto que todas las cadenas que hablan de sostenibilidad: demostrarlo en la operación diaria. El huésped contemporáneo valora los compromisos ambientales, pero también exige calidad, servicio, gastronomía, tecnología, diseño, bienestar y precio competitivo. La sostenibilidad no puede ser solo narrativa; debe traducirse en inversión, medición, reducción real de impactos y relación responsable con el territorio.
En nuestro estado, Iberostar aporta empleo, habitaciones, promoción internacional, estándares hoteleros y una presencia consolidada en segmentos de calidad. No tiene la raíz local de Xcaret, Palace o Lomas, pero sí forma parte de la estructura hotelera que sostiene al Caribe Mexicano.
Ocupa el décimo lugar porque representa una ruta necesaria para el futuro: seguir siendo competitivos, pero con mayor responsabilidad ambiental. Quintana Roo ya no puede aspirar únicamente a recibir más visitantes. Debe aspirar a recibirlos mejor y a proteger los recursos que hacen posible el turismo.
LO QUE ESTAS EMPRESAS DICEN SOBRE NUESTRO FUTURO
Estas diez empresas dibujan con claridad el mapa económico de Quintana Roo en 2026.
ASUR abre la puerta. Experiencias Xcaret convierte identidad en experiencia. The Palace Company muestra la fuerza de una hotelería nacida en Cancún. RIU sostiene el volumen internacional del todo incluido. Barceló consolida la Riviera Maya como plataforma hotelera de gran escala. Piñero Bahia Principe mantiene una operación profunda en Akumal. PAM/RCD apuesta por el lujo contemporáneo desde una base regional. Grupo Lomas articula el viaje completo. Ultramar conecta nuestras islas. Iberostar coloca la sostenibilidad como parte de la conversación hotelera.
No todas nacieron aquí. No todas reportan sus ingresos locales. No todas tienen el mismo tipo de impacto. Pero todas ocupan un lugar estratégico en la economía de nuestro estado.
El ranking también revela una realidad que no podemos ignorar: Quintana Roo es extraordinariamente exitoso, pero depende demasiado de un solo motor. El turismo nos ha dado empleo, inversión, infraestructura, presencia internacional y oportunidades. Pero también nos ha dejado vulnerabilidades: presión sobre el agua, vivienda inaccesible para muchos trabajadores, movilidad saturada, desigualdad territorial, dependencia de mercados externos, sargazo, impacto ambiental y una economía que necesita diversificarse.
La siguiente etapa no puede consistir solamente en abrir más cuartos, recibir más vuelos o atraer más visitantes. Nuestro estado necesita elevar el valor por turista, mejorar salarios, fortalecer proveedores locales, ordenar el crecimiento urbano, invertir en movilidad, proteger ecosistemas, cuidar playas, profesionalizar servicios y lograr que la riqueza generada se quede más en Quintana Roo.
Las grandes empresas tienen un papel central en ese desafío. No basta con ser rentables. En una economía tan concentrada, las compañías líderes también tienen responsabilidad social, ambiental y territorial. Su operación diaria modifica el futuro de Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Puerto Morelos, Akumal, Cozumel e Isla Mujeres. Si invierten bien, si forman talento, si compran local, si mejoran condiciones laborales, si protegen el entorno y si entienden que el destino no es infinito, serán parte de la siguiente gran etapa del Caribe Mexicano.
Quintana Roo ha sido, durante medio siglo, una historia de audacia. Lo que viene debe ser una historia de madurez.
Porque nuestro estado ya demostró que puede atraer al mundo.
Ahora debe demostrar que puede convertir ese éxito en bienestar duradero para quienes vivimos aquí.













